Entre ruedas y baterías

Luis Palma Mendoza creció en una humilde vivienda del suburbio guayaquileño.  Sus padres lo criaron con lo justo y no había dinero para  juguetes. Pero su sueño era tener un carro a batería, aunque se conformaba con alquilarlos en los parques durante los fines de semana.
Estudió en el colegio Domingo Savio, donde aprendió electricidad, que al principio no le gustaba. “Pasaba de año siempre con lo justo”, recuerda con una leve sonrisa. Sin embargo, esa práctica diaria se convertiría en su oficio de vida.
Hoy atiende un taller electromecánico, en Gómez Rendón 46-05 y la 23ava. Allí permanecen una veintena  de autos averiados, todoterreno y cuadrones, de origen norteamericano y chino. Llegan de varias partes del país, sobre todo del Guayas y Santa Elena.
La novedad es que este taller se especializa en arreglar carros a batería, para uso exclusivo de los niños. En la parte posterior del establecimiento, Palma apila los vehículos uno encima del otro.


Es quizás uno de los cuatro talleres que operan en Guayaquil bajo esta modalidad, asegura Palma, quien ahora valora los conocimientos de electricidad adquiridos en el colegio.

“Si no hubiese aprendido este oficio seguro hoy sería un desocupado más del país”, acota.

Recuerda que fue su hermano -fallecido hace 18 años- quien le abrió las puertas de su taller como ayudante. Nunca se imaginó que el destino lo dejaría al frente del negocio y también de su familia.
A sus 43 años está rodeado de decenas de carros de juguete. Su satisfacción es ver la cara de felicidad de los niños cuando van con sus padres a retirarlos. Semanalmente recibe de 6 a 10 carros con daños en los piñones, ruedas, baterías o fallas en el sistema eléctrico.
El mantenimiento de un vehículo a batería cuesta 10 dólares. Sus mejores clientes son quienes alquilan estas unidades en los parques de pueblos. Conozco que por cada vuelta de 15 minutos cobran 1 dólar. “Esta es otra manera de ganarse la vida”, sostiene Palma.

“Un carro usado en perfectas condiciones mecánicas lo vendo en 70-80 dólares. Mientras que uno nuevo, de las mismas características, cuesta de 300 a 500 dólares en los grandes almacenes. Depende del cliente”, dice con cierta picardía.

Palma disfruta de su trabajo con pasión y asegura que se mantendrá en esta actividad que cuenta con su sello de garantía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.